Los pecados del Real Madrid en Múnich

El Real Madrid vuelve a casa tras su partido ante el Bayern con un resultado (2-1) que no es malo, aunque necesite marcar un gol alcanzar la final, pero con una sensación horrorosa. A los blancos se les vieron las costuras en el Allianz, y lo que más debe preocupar a la institución es que no tuvieron delante un rival que les llevase al límite.

Coentrao. Queda como el gran señalado por la derrota y su futuro en Chamartín se antoja muy complicado. Su actuación fue deficiente tanto en el aspecto defensivo como en el ofensivo: nunca se impuso al rival, fuera quien fuera, que le encaró, y tampoco supo incorporarse al ataque para generar peligro. Culminó su mal encuentro con una acción de juvenil al irse al suelo ante Lahm en la jugada del segundo gol germano. Con sus carencias en defensa, se antoja incomprensible que Marcelo no sea titular en esta clase de encuentros.

La batalla del centro del campo. Xabi Alonso y Khedira dejaron sobre el césped de Múnich hasta la última gota de sudor que había en sus cuerpos. Protagonizaron una batalla encomiable ante los centrocampistas del Bayern, de la que salieron perdedores. Ambos recorrieron más de una decena de kilómetros, pero casi todos ellos detrás del balón y haciendo coberturas, pugnando y no jugando.

Özil. Cuando Mourinho le retiró del terreno de juego en la segunda parte, las luces del Real Madrid se apagaron. Fue el único jugador de su equipo, junto a Benzema, que dio sentido al juego, que buscó asociarse y tocat el balón y no sólo galopar en busca de Neuer. En su haber queda un gol que puede valer una final de Champions.

Arbeloa. Sin llegar al nivel de desatino que ha mostrado Coentrao, el canterano realizó un mal partido. Preocupa en el Real Madrid, y también a Vicente Del Bosque, el bajo nivel de forma que está mostrando el lateral en el último mes. Se puede observar en que no mide bien ni las anticipaciones ni los tackles, dos de sus mejores armas.

Cristiano Ronaldo. Era una noche para él, para que luciese. Escenario inmejorable, competición de enjundia y rival poderoso. Pero el luso pasó desapercibido. Más allá de su asistencia a Özil en el gol madridista (tras fallar un claro mano a mano), su aportación fue nula. Quiso ganar el partido él solo, y no lo logró. Tiene la vuelta para redimirse.

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